Para 2021 las grandes empresas de consumo siguen apostando por vender al teletrabajador

Las escuchas de podcast en español crecen un 94% durante el primer semestre del año

Uno de los grandes cambios que ha traído la crisis del coronavirus ha sido el boom del teletrabajo. Antes de que estallase la pandemia, pocas empresas permitían a sus trabajadores el trabajo en remoto. Eran una minoría y solían imponer ciertas limitaciones a qué podían y qué no podían hacer sus empleados en remoto. Con el estallido de la crisis, el teletrabajo se convirtió en la norma. No solo muchas administraciones públicas lo recomendaron encarecidamente (o lo incluyeron como mandato siempre que fuese posible en planes de confinamiento), sino también muchas empresas lo adoptaron como medida preventiva. Trabajar desde casa pasó a ser la norma. Cuando arrancó la llamada nueva normalidad en verano, algunos trabajadores volvieron a las oficinas. Muchos siguieron en sus casas, dado que la pandemia no había finalizado (y, de hecho, los meses de otoño trajeron nuevas oleadas de la enfermedad) y que las medidas de seguridad seguían siendo necesarias. El trabajo en remoto se convirtió en una suerte de elemento habitual y uno para el que había que ofrecer más y más servicios. Los medios se han llenado este año de listicles, recomendaciones y artículos sobre cómo sobrevivir al teletrabajo, pero también han aumentado los usos de tecnologías como el cloud en las empresas. Las compañías han tenido que ajustarlo todo. No solo deben replantearse cómo se relacionan con sus trabajadores o qué herramientas tech necesitan, sino también qué supone el que las personas, en general, estén más tiempo en sus casas. La estrategia de marketing y la de ventas han tenido que entrar en el salón de las casas de los consumidores. Las compañías han tenido que empezar a vender para un mundo de teletrabajadores. El estallido de la pandemia y el trabajo en remoto supusieron un serio problema para muchas industrias. Icónico y usado como ejemplo en múltiples medios es el caso de la cadena británica Pret-a-Manger, muy dependiente en los diferentes mercados en los que estaba presente del tráfico generado por los trabajadores de oficinas de los centros de las grandes ciudades. Con su desaparición, también lo hicieron sus ingresos. No fue la única. También han tenido que adaptarse aquellas compañías que venden, por ejemplo, ropa business. Frente a este tipo de compañías, están las que se han reposicionado o las que han visto como aparecía un nuevo filón de mercado. Es lo que ocurrió con el boom del llamado athleisure (todo el mundo trabaja en mallas de deporte en su casa) pero también lo que pasó con muchas marcas de consumo, que se han encontrado con un nuevo perfil de consumidor emergente. Estas empresas no solo no van a renunciar a estos consumidores, sino que creen que seguirán siendo claves en su futuro inmediato. Durante 2021, seguirán vendiendo los productos que el teletrabajador necesita o consume. Producir más productos para el hogar La tendencia se está viendo de forma clara en Estados Unidos, donde tienen su epicentro muchas de las grandes compañías de bienes de consumo y donde se espera que a cierre de 2021 sigan teletrabajando una cuarta parte de los trabajadores (frente al 4% que lo hacía antes de la crisis). Y esos consumidores necesitarán ciertos productos, como apunta en un análisis The Wall Street Journal. Van a comer más en casa, pasar más tiempo en ella y usarla como espacio principal para muchas cosas. Campbell, los de las sopas, esperan, por ejemplo, una mayor demanda de algunos de sus productos y está aumentando la capacidad de producción, a pesar de que la compañía ha reconocido ya una moderación en las ventas frente a los primeros tiempos de la pandemia. No son los únicos: también está aumentando la producción de queso Philadelphia o de su mac&cheese precocinado Kraft Heinz (y gastándose en ello 100 millones de dólares). Los cambios llegan a áreas tan peregrinas como el papel higiénico, en los que los gigantes del mercado, como Kimberly-Clark, están centrándose en producir más papel del que se compra para casa frente del que se vende para oficinas.


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