Thomas Cook, el gigante que no supo adaptarse y el Brexit remató

Thomas Cook, el gigante que no supo adaptarse y el Brexit remat

Thomas Cook, el que hasta ayer era el segundo mayor turoperador del mundo, llevaba una década herido de muerte. La compañía británica, que había sido incapaz de adaptarse al mundo digital y a los nuevos hábitos de sus consumidores, arrastraba una serie de problemas económicos que el Brexit, con su eterna incertidumbre y su profundo debilitamiento de la libra, ha terminado por magnificar. La salida de la Unión Europea no ha sido la causa directa y única de la quiebra anunciada ayer, pero sí que ha terminado por sentenciar a un gigante al que el Gobierno del Reino Unido se ha cansado de mantener con vida.

La empresa, que tiene cerca de 180 años de historia, aterrizó ayer por la mañana en Manchester el último de sus aviones, pero se ha dejado por el camino a más de 600.000 pasajeros repartidos por todo el mundo que en este momento se encontraban de vacaciones o las tenían contratadas para las próximas dos semanas. A pesar de que en agosto había conseguido los 1.020 millones de euros que le hacían falta para hacer frente a sus deudas, los acreedores le exigieron un seguro de unos 227 millones de euros adicionales que finalmente no han podido conseguir.

El propio Gobierno británico ha admitido, por medio de sus representantes, que tenían la posibilidad de evitar que Thomas Cook cayese, pero según apuntan desde el Ministerio de Transportes esto sólo habría retrasado lo inevitable y habría terminado costándole mucho más dinero al contribuyente. Por ello han decidido ponerse manos a la obra y desde antes del fin de semana pasado anterior, cuando ya empezaba a intuirse el desenlace, empezaron a alquilar aeronaves en distintas partes del planeta con el objetivo de repatriar a unos 150.000 británicos en la que ya es la mayor operación de este tipo en tiempos de paz de su historia.

El impacto en el sector turístico español, principal destino de los clientes de Thomas Cook y donde ahora mismo hay más de 30.000 personas afectadas solo en Canarias, es tal que la noticia llevó incluso a que la patronal hotelera llegase a plantearse la posibilidad de aportar el dinero necesario para mantener la empresa a flote, aunque finalmente no cristalizó la idea, según informó Juan Molas, presidente de CEHAT. Según cifras de Aena, 3,6 millones de clientes del turoperador llegaron a los aeropuertos españoles en 2018.

El golpe del Brexit

«Thomas Cook ha sobrevivido a dos guerras mundiales pero no al Brexit», explicaban los analistas en la prensa inglesa. Sin duda la salida de la Unión Europea ha terminado precipitando la situación, no solo por la devaluación de la libra, que ha hecho contenerse a muchos británicos, sino también por la incertidumbre que genera el incierto escenario posterior. El turoperador ya alertó en mayo de que sus clientes del Reino Unido estaban demorando la contratación de sus paquetes turísticos debido a esta situación, que ha favorecido además que éstos empiecen a buscar alternativas más baratas a través de aerolíneas de bajo coste como Easyjet y Ryanair y páginas web de alojamientos como Booking y Hotels.com.

Ha sido en parte esa falta de adaptación al escenario digital -representada en los más de 500 establecimientos que la compañía aún tiene en las calles británicas- la que ha propiciado la caída, pero también los casi 2.000 millones de euros de deuda que arrastra desde hace tiempo. De hecho, y en la línea de esa idea de saco roto que han querido transmitir desde el Gobierno, Thomas Cook ya recibió un paquete de refinanciación de 1.580 millones de euros en 2012 además de un crédito de emergencia de 227 millones de euros en noviembre de 2011, sin contar los 480 millones de euros que consiguió Harriet Green, la antigua CEO, con la venta de acciones.

Los motivos que dio el abogado de la compañía durante la vista del mes pasado en el Tribunal Supremo para optar a un nuevo paquete de ayuda de emergencia fueron la «recesión económica general», la pérdida de la confianza del consumidor, el incremento de la competencia por parte de rivales de bajo coste, la ola de calor del año pasado, la debilidad de la libra y las «preocupaciones medioambientales». Todo salvo admitir una mala praxis por parte de la empresa, aunque es cierto que el verano pasado el turismo desde el Reino Unido se resintió por el buen clima que imperó en las islas.

 

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